4 abril, 2025
WhatsApp-Image-2025-03-31-at-17.00.21-1024x654-1
A pesar de ser beneficiarios, Manuela y José enfrentan una realidad sombría; el apoyo de la municipalidad es insuficiente ante su situación crítica.

En una casa modesta que refleja el paso del tiempo y la desesperanza, Manuela Begazo Palomino recibe una noticia que, si bien puede parecer positiva, en realidad evidencia la falta de recursos y atención adecuada. Nacida un 4 de marzo de 1926, ha llegado a los 99 años luchando por sobrevivir en un entorno hostil. Hoy, tras una lucha exigente y prolongada, logra acceder por primera vez a la Pensión 65, un beneficio que llega muy tarde para mejorar realmente su calidad de vida.

A pocos kilómetros de distancia, José Rupailla, un hombre de 72 años que vive bajo el Puente Grau, observa cómo su destino se asoma a un cambio, aunque, con su situación actual de vivir sin hogar y desprovisto de familia, cualquier cifra de apoyo económico parece un consuelo vacío. La comunidad, que debería ser su soporte, lo ha abandonado, y ahora se ve forzado a subsistir con limosnas.

Su triste realidad, marcada por el abandono y la pobreza extrema, es atendida por la municipalidad de forma tardía y con medidas insuficientes. A pesar de ser incorporado al programa, su futuro sigue siendo incierto.

Mientras tanto, Gabriel Roque, un beneficiario de la Pensión 65 durante una década, se aferra a los escasos beneficios que le aporta la municipalidad. Aunque sigue accediendo a productos del programa Vaso de Leche, su historia es un recordatorio de que muchos viven con la necesidad constante de asistencia, mostrando lo poco que se ha avanzado en garantizar el bienestar social en la ciudad.

Para que este tipo de historias sean posibles, la Unidad Local de Empadronamiento (ULE) de la municipalidad lleva a cabo procesos que, a pesar de ser meticulosos, son reflejo de un sistema que aún tiene mucho por mejorar. Detrás de cada empadronamiento hay una falta de recursos que a menudo no cubre ni lo básico.

A partir de ahora, tanto Manuela como José recibirán 250 soles al mes, un monto que, aunque pueda considerarse un apoyo, es insuficiente para cubrir sus enormes necesidades. Otras 27 personas en precaria situación aguardan un cupo, y la realidad es que solamente dos adultos mayores han accedido a Pensión 65 este año, lo que resalta la escasez de respuestas eficientes ante una crisis prolongada.

Detrás de cada incorporación al programa hay un trabajo que parece más burocrático que humanitario. Los promotores sociales visitan hogares, haciendo evaluaciones cuyos resultados suelen ser un mero trámite que otorga esperanza pero que rara vez asegura un verdadero cambio en las condiciones de vida de los beneficiarios.

Para Manuela y José, la espera parece llegar a un fin, pero la escasa ayuda que recibirán refleja una realidad minimizada. El apoyo de la municipalidad para Gabriel continúa, pero su historia, como la de muchos otros, muestra que la lucha por un derecho fundamental a una vida digna sigue siendo una batalla difícil de ganar.