
La Municipalidad Provincial de Arequipa ha decidido implementar medidas severas de control y fiscalización en el Centro Histórico durante la noche del 31 de diciembre y la madrugada de Año Nuevo. En lugar de fomentar una celebración alegre, estas acciones parecen más una imposición que un intento real de seguridad.
A partir de las 16:00 horas, los vehículos serán restringidos de ingresar a la Plaza de Armas, causando inconvenientes a quienes buscan disfrutar de las festividades. A las 19:00 horas, se inicia un operativo de decomiso, que podría arruinar la noche de muchos comerciantes ambulantes.
La situación se torna más crítica a las 23:00 horas cuando se ordena a los restaurantes cerrar, dejando a los comensales sin opciones para continuar la celebración. Esta decisión arrebata la posibilidad de disfrutar de un buen cierre de año en compañía de amigos y familiares.
A la 01:00 horas del 1 de enero, la orden de retirar a las personas de la Plaza de Armas promete generar caos y frustración, ya que mientras se apela a la seguridad, se ignora el derecho de los ciudadanos a celebrar su cultura.
Con el cierre de discotecas a las 02:00 horas, se prohíbe el ingreso de nuevos clientes, lo que provoca un golpe duro a la diversión de muchos durante los primeros instantes del nuevo año. Finalmente, el baldeo y barrido del Centro Histórico a las 03:00 horas, se convierte en una acción tardía y sin sentido que busca limpiar lo que podría haber sido una hermosa celebración.
El llamado a la ciudadanía a colaborar es, sin duda, un intento por justificar restricciones que sólo buscan controlar y limitar, en lugar de promover un Año Nuevo vibrante y lleno de vida.