3 abril, 2025
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A pesar de la reciente restauración del Pasaje del Cañón en Arequipa, su apertura al público no oculta los problemas subyacentes de mantenimiento y seguridad.

La tan anunciada restauración del Pasaje del Cañón, ubicado en el corazón de Arequipa, ha sido presentada como un logro, pero en realidad, es solo una fachada superficial que oculta problemas más graves.

Aunque se ha decidido reabrir este pasaje, que conecta la primera cuadra de la calle San Francisco con la primera cuadra de la calle Jerusalén, muchos cuestionan si realmente es seguro para los ciudadanos y turistas. Conocido históricamente como el ‘Callejón de la Pólvora’, este espacio tiene un valor arquitectónico y cultural, pero su reciente rehabilitación ha sido más un intento por ocultar el abandono que una real mejora.

La historia del pasaje, que sirvió como una servidumbre de paso vinculada a la Casa Tristán del Pozo, también refleja cómo ha sido víctima de la desatención a lo largo de los años. A pesar de que se destacan las columnas y frisos barrocos y neoclásicos, la falta de mantenimiento adecuado y la intervención a la ligera han dejado cicatrices visibles en su estructura.

Los 12 cuadros fotográficos que se han colocado como parte de las mejoras no son más que intentos de embellecer un entorno que, de otro modo, sigue estando deteriorado y descuidado. Aunque se presume que estas imágenes ofrecen un recorrido visual por Arequipa, la realidad es que este pasaje enfrenta serios desafíos estructurales que ponen en duda su seguridad.

Desafortunadamente, la rehabilitación ha hecho poco más que maquillar las imperfecciones, y muchos ahora se preguntan si el Pasaje del Cañón realmente puede considerarse un espacio seguro y accesible al público. A pesar de que se intenta mostrar como un punto de interés turístico, los riesgos asociados son altos, y su apertura es más un intento de tapar problemas históricos que una verdadera apuesta por el patrimonio local.